Café de Domingo

Dejar el café de cápsulas para aprender sobre café de especialidad

2026.07.19
Dejar el café de cápsulas para aprender sobre café de especialidad

La luz entra en la cocina de una forma muy particular los domingos por la mañana aquí en Triana. Es una luz que no tiene prisa, que se queda un rato en los azulejos de la pared antes de llegar a la encimera. En ese silencio, el crujido rítmico de mi molinillo manual es lo único que suena, bueno, eso y el gato que se despereza en el salón al oír el primer grano romperse. Mira que hace años el ruido era otro; era ese estruendo eléctrico y metálico de la cafetera de cápsulas, un 'clac-clac' seco y un chorro de algo negro que salía disparado sin preguntar nada. Pero eso ya pasó.

Antes de seguir, os cuento una cosilla para que todo quede claro: este blog se mantiene con enlaces de afiliado. Si acabáis comprando un curso o algún material a través de ellos, yo me llevo una pequeña comisión que ayuda a pagar el café, pero a vosotros os cuesta exactamente lo mismo, ni un céntimo más. Solo os hablo de lo que de verdad ha pasado por mi cocina y he probado con estas manos, que si no, no tendría sentido contarlo.

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El regalo que lo cambió todo a finales de 2022

Todo esto empezó casi por accidente. A finales de 2022, una amiga se mudaba y, para no cargar con más trastos, me regaló una V60 y un molinillo manual que tenía muerto de risa. Yo por entonces era de las de cápsulas de supermercado, de las que pensaban que el café solo era 'fuerte' o 'suave' y que lo importante era que saliera rápido para empezar a trabajar. El cacharro ese de cerámica se quedó un par de semanas en la estantería, pareciendo más un florero que otra cosa.

Pero un domingo de esos en los que te levantas sin despertador, me dio por probar. Compré una bolsa de café en una tienda pequeña del barrio, nada muy loco, y me puse a girar la manivela. Recuerdo que me cansé, que pensé que esto era una pérdida de tiempo... hasta que eché el agua. El olor que subió de la taza no tenía nada que ver con lo que yo conocía. No olía a 'quemado' ni a ese aroma industrial de las cápsulas. Olía a algo vivo.

Primer plano de manos moliendo café manualmente en una cocina soleada de Sevilla.

El error de querer correr antes de caminar

Mira, hay algo que he aprendido en estos años y que me hubiera gustado que alguien me dijera al principio: no te compres una máquina de espresso de mil euros nada más empezar. Es el error típico. Pensamos que por tener la cafetera que parece un motor de avión el café va a salir rico solo. Y la verdad es que, al principio, una cafetera de cápsulas prepara mejor café que una máquina profesional mal ajustada por alguien que no tiene ni idea. Si no sabes controlar la temperatura o la molienda, lo que sale de ahí es imbebible.

Por eso me quedé con mi V60. Es un método honesto. Tiene ese ángulo de 60 grados exactos que hace que el agua pase por el centro con una elegancia que ya quisiera yo para mis diseños. Pero claro, pronto me di cuenta de que no bastaba con tener el método. Compraba granos caros, de esos que dicen tener notas de cata increíbles, y a mí me sabían todos... pues a café. O peor, me sabían ácidos y yo pensaba que estaban malos. Me frustraba un poco, la verdad, estar frente al ordenador trabajando y pensando que me estaba gastando el dinero en algo que no entendía.

Entender el café sin querer ser profesional

Fue después de terminar mi primer curso online, hace unos meses, cuando las piezas empezaron a encajar. No quería ser barista, no me veo yo trabajando detrás de una barra con el ritmo que llevan, solo quería que mi momento del domingo fuera especial. Me apunté a uno que se centraba en lo que pasa antes de que el grano llegue a nosotros. Se llama Cosecha y Post Cosecha del Café y, mira, fue como si me pusieran gafas nuevas.

De repente, entendí que para que un café se considere de especialidad tiene que tener una puntuación mínima de 80 puntos según los estándares internacionales. Pero lo más importante no fue el número, sino entender por qué aquel grano etíope que compré una vez olía tanto a jazmín. No era magia, ni le habían echado perfumes; era el proceso en la finca, el mimo al secar la cereza. Ese aroma a jazmín inundó mi cocina por primera vez de una forma real, algo que las cápsulas, por mucho que lo intenten imitar con saborizantes, nunca pudieron replicar.

Agua caliente mojando el filtro de papel de una cafetera V60 de cerámica blanca.

Cuando el aprendizaje se vuelve ritual

Este curso que os digo, que por cierto tiene una valoración de 4.2 y se nota que la gente que lo hace sabe de lo que habla, me enseñó a leer las etiquetas. Antes veía 'proceso natural' o 'lavado' y me quedaba igual. Ahora sé que si busco ese dulzor afrutado que me gusta para los domingos, el proceso natural suele ser mi mejor amigo. Es un curso que se siente muy de verdad, aunque a veces se ponga un poco técnico con temas agrícolas que a mí me pillan lejos de mi piso en Triana.

Si os pica mucho la curiosidad y ya estáis pensando en que esto del café podría ser algo más que un hobby, hay otro que tiene una estructura formal de 6 módulos, el Curso Barista Training Online. Yo este lo empecé pero, para seros sincera, lo dejé a medias. Está muy bien si quieres montar un negocio o dedicarte a esto en serio, pero para mi rito de moler el café mientras el sol entra por la ventana, se me hacía un poco cuesta arriba. Demasiada presión para alguien que solo busca disfrutar de la taza.

Pequeños desastres de una aficionada

No todo ha sido perfecto, ni mucho menos. He tenido mañanas de domingo donde me he pasado con la temperatura del agua y el café sabía a rayos. O tardes de finales de invierno donde, por querer probar una molienda muy fina, el filtro se atascó y acabé con un charco de café por toda la encimera. Pero eso es parte de la gracia, ¿no? En mi lista de errores como principiante tengo para escribir un libro.

Lo que me gusta de este camino es que no hay prisa. He aprendido que la temperatura del agua cambia el sabor por completo (si os interesa, escribí hace poco sobre por qué la temperatura del agua cambia el sabor de tu café) y que no hace falta tener una cocina de revista para sacar notas de cata decentes. A veces, lo único que necesitas es un poco de paciencia y dejar de mirar el reloj.

Un ordenador portátil mostrando un curso de café junto a una taza de cerámica.

La reivindicación de la lentitud

A veces me preguntan si echo de menos la comodidad de las cápsulas. Y a ver, entiendo el atractivo. Un botón y listo. Pero para mí, el café de especialidad ha sido la excusa perfecta para bajar revoluciones. No necesito abrir una cafetería para disfrutar de la complejidad de un grano de Colombia en mi cocina. Me basta con ese momento en el que el agua toca el café y se forma esa espumita, el bloom, que huele a gloria bendita.

Si estás pensando en dar el paso, mi consejo es que empieces por entender el grano. No te vuelvas loca con las balanzas de precisión milimétrica el primer día. Simplemente, intenta comprender qué hay detrás de esa bolsa que has comprado. Para eso, el curso de Cosecha y Post Cosecha del Café es, para mí, el punto de partida ideal. Te cambia la forma de mirar el café para siempre.

Café recién filtrado en una jarra de cristal con reflejos dorados bajo la luz del sol.

Al final, se trata de eso. De que el café de los domingos sea el mejor momento de la semana. Sin más pretensiones. Que si te sale un poco amargo un día, pues na, te lo tomas igual y ya ajustarás el siguiente. Aquí en Triana decimos que las cosas buenas se cuecen a fuego lento, y el café no iba a ser menos. Así que, si te apetece dejar atrás el ruido de las cápsulas y empezar a oler de verdad lo que tienes en la taza, quizás este sea tu momento de empezar a aprender. Merece la pena, de verdad te lo digo.