
La luz de Triana entra hoy por la ventana con esa pereza de junio, iluminando las motas de polvo que bailan sobre mi Hario V60. Me he quedado mirando el cono, con sus 60 grados de inclinación tan exactos, y me he dado cuenta de que, después de diez años diseñando libros, sé más sobre el interletraje de una tipografía que sobre el ratio de agua del café que me tiene aquí pegada a la pantalla.
Antes de meternos en faena, una cosita: este blog se mantiene con enlaces de afiliado. Si acabas apuntándote a un curso o pillando algo a través de ellos, yo me llevo una comisión para seguir pagando el grano de especialidad, pero a ti te cuesta lo mismo, ni un céntimo más. Solo hablo de lo que de verdad ha pasado por mi encimera y he probado con estas manos, que si no, no tendría gracia contarlo.
De las cápsulas al vicio de la lentitud
Mira, yo era de las de café de cápsula y tirar millas. Pero a finales de 2022, una amiga me soltó el molinillo manual y la V60 antes de irse a vivir fuera y, bueno, ya sabes cómo termina esto. Lo que empezó como un cacharro más acabó siendo mi rito de domingo. Pero claro, una llega a un punto donde ya no sabe si el café le sale rico por suerte o porque está haciendo algo bien. Por eso, a mediados de noviembre, decidí que quería entender qué pasaba ahí dentro, en ese barro caliente.
Me apunté al Curso Barista Training Online [Si Empiezas a Pensar en Negocio] con la idea de que, si iba a aprender, mejor hacerlo de quienes saben de verdad, aunque yo solo quisiera hacerme un café decente mientras escucho los vencejos pasar por la calle Castilla. El curso tiene una estructura muy seria, con 6 módulos que van desde la botánica hasta la gestión de una barra profesional.
Seis módulos y un choque de realidad en la encimera
Empecé el curso con muchas ganas durante las vacaciones de Navidad. Recuerdo abrir por primera vez un paquete de café etíope un martes por la mañana; el aroma a avellana tostada y tierra mojada inundó la cocina de una forma que casi me marea. Eso es lo que buscaba, entender por qué ese grano de café de especialidad tenía que tener al menos 80 puntos en la escala de la SCA para que yo pudiera notar esas cosas.
Pero el curso... ay. El curso es una maravilla de contenido, pero está muy pensado para quien quiere abrir una cafetería. Me vi a mí misma, en pijama, tomando apuntes sobre la presión de la caldera de una máquina industrial de tres mil euros. Y claro, pensaba: "Belén, hija, que tú lo que tienes es un hervidor de cuello de cisne y un gato que se asusta con el ruido del molinillo". Hay una parte técnica preciosa, pero a veces sentía que estaba aprendiendo a pilotar un Airbus para luego ir en bici a comprar el pan.
Un domingo de lluvia en febrero me puse a intentar ajustar el punto de molienda siguiendo las tablas profesionales. Terminé gastando casi cien gramos de unos granos carísimos que me habían traído de un tostadero de Madrid, solo para acabar con una taza amarga, un dolor de cabeza por el exceso de cafeína y una frustración... na, que casi guardo el molinillo en el fondo del cajón. Estaba intentando aplicar una lógica de producción masiva a mi pequeña rutina de V60 en las mañanas de domingo.
¿Barista profesional o simplemente alguien que disfruta su taza?
Lo que nadie te dice de estos cursos tan técnicos es que asumen que tienes acceso a todo. Que tienes un agua con una mineralización perfecta y que vives al lado de un tostadero que te vende el grano recién salido de la paila. Pero, ¿qué pasa cuando vives en un sitio donde el agua del grifo parece caldo de piedras o no tienes una tienda de especialidad a la vuelta de la esquina? Esa es la realidad de mucha gente que vive fuera de las grandes capitales o en zonas más rurales, y ahí las recetas estándar se te caen al suelo.
Por eso, aunque el contenido de Barista Training es impecable, para mi día a día me acabó gustando mucho más el Curso Afición al Café [Mi Curso de Cabecera]. Es mucho más humano, más de "estoy en mi cocina y quiero que esto sepa a gloria". No te habla de cómo gestionar una cola de veinte clientes, sino de cómo mejorar el sabor de tu café filtrado con lo que tienes a mano.
El momento en que todo encaja
Hace un par de semanas, volví a intentarlo. Sin presiones de módulos ni de exámenes. Simplemente cogí lo que había aprendido sobre la molienda —que para la V60 tiene que ser como sal marina fina, mira tú qué cosa más sencilla— y me puse a observar. El sonido del agua al tocar el papel, el aroma que cambia cuando los gases del café se escapan... y de repente, ocurrió.
Sentí esa pequeña descarga de adrenalina y satisfacción cuando, por fin, una receta salió equilibrada. Di el primer sorbo y ahí estaban: las notas de fresa que prometía la etiqueta, claritas, como si estuviera mordiendo la fruta. No necesité una máquina de cinco mil euros, solo entender el porqué de las cosas. Para eso sí sirven los cursos, aunque te sobren la mitad de los apuntes sobre mantenimiento de filtros industriales.
- Entender la importancia de conservar bien el grano para que no se oxide.
- Saber que el café pierde sus aromas volátiles a los quince minutos de molerlo (por eso mi brazo ya está fuerte de tanto darle a la manivela).
- Aprender a no quemar el café con agua hirviendo, que parece una tontería pero nos pasa a todos.
Lo que me llevo de esta primavera cafetera
Si me preguntas hoy, te diría que no me arrepiento de haber curioseado en el mundo profesional. Me ha servido para valorar más el trabajo que hay detrás de una buena taza en cualquier cafetería de las de verdad. Pero para casa, para mis mañanas lentas, me quedo con la sencillez. Si estás empezando y no tienes intención de poner un negocio, el curso de Afición al Café es más que suficiente para que tu cocina huela a paraíso cada mañana.
Incluso me ha dado por mirar cosas más raras, como el curso de Cosecha y Post Cosecha del Café, solo por entender cómo llega ese grano desde Etiopía o Colombia hasta mi barrio. Es pura curiosidad, como quien lee sobre cómo se hace el vino sin tener una viña, pero te cambia la forma de mirar la bolsa de café cuando entiendes el proceso agrícola.
Al final, esto del café es como el diseño: puedes saberte toda la teoría del color, pero si no te sientas a mancharte las manos y a probar, no sirve de na. Mi recomendación es que no te agobies con ser la mejor barista del mundo. Disfruta del proceso, de la lentitud, y si un día el café te sale amargo, pues mira, se le pone un poquito de leche y a seguir, que mañana será otro domingo y tendremos otra oportunidad de clavar la receta.
Si de verdad sientes que te apetece dar el salto y entender qué haces cada mañana con la tetera, échale un ojo al Curso Afición al Café. Es el que yo le recomendaría a mi hermana si me preguntara, porque va directo al grano (nunca mejor dicho) y te quita ese miedo a hacerlo mal que a veces nos entra cuando leemos cosas demasiado técnicas.